El placer de estar en la sensación

img_texto-acerc_02

Acercamiento al proceso creador de
PESO. Un ensayo sobre la liviandad
(Dir. Carolina Silveira)

archivo (1) Texto en .pdf

«Central a la experiencia es la sensación de moverse y ser movido.
Idealmente ambos están presentes en el mismo instante.
Es un momento de total claridad, la integración 
de lo que
estoy haciendo y lo que me está sucediendo»
Mary Whitehouse

En un ensayo al que asistí, tomé estos apuntes: “Cuerpo blando. Poroso. Sensación de interior colectivo. De cuerpo pesando en la tierra. Cuerpo de pie en el espacio. Suelta el peso en la cadera, cae por segmentos. Sobre un hombro. Cuerpo entrelazado a un cuerpo. Multiplicado. Sostenido. Sensación de reírse. De aparecer en otra parte”. 

Desde el comienzo de la obra, la espectadora es invitada a llegar a un estado de sensación, que modulará diferentes intensidades. La exploración de una dimensión interior, ligada a lo sutil e hiperestésico se entrelaza sin oposición, a la composición de un paisaje colectivo en continuo cambio donde aparece el accidente, el desfasaje. Apoyados en una partitura compuesta por  ejercicios para la improvisación, los cuerpos en escena se presentan como pliegues de una misma cualidad sensible, tejen entre sí un espacio corpóreo ubicado entre la vigilia y el sueño, interfaz que amasa lo imaginario con la sensación física y los vuelve indiscernibles. Y la fiesta. Y el juego. La sensación se trabaja por multiplicidades, con el peso y la liviandad como vectores que posibilitan el movimiento de los cuerpos de maneras dinámicas y cambiantes según lo pida la situación, al estar en constante negociación y ajuste. 

La presente obra emerge como un nuevo capítulo de Danzografías, proyecto de investigación y creación de Silveira, iniciado en 2018, en el cual se reunieron performers, estudiantes de artes y dramaturgas para trabajar en torno a la coreografía como escritura del movimiento, y del cual proviene la mayoría de las participantes de PESO. Un ensayo sobre la liviandad. En este marco, surge el primer guión de la obra, escrito por Victoria Pin bajo el nombre único de “Peso”, del cual subsisten algunos elementos en la pieza que la espectadora va a ver. La estrategia de poner a funcionar un guión como puntapié inicial de la experiencia, a sabiendas que la acción de los cuerpos desborda la concatenación de los signos, también aparece en otra obra de Silveira llamada Tal (2014). Algo siempre se las arregla para desencajarse de lo preestablecido, de modo que no solo la sensación se vive como un proceso infinito de metamorfosis y rearticulaciones sino que la escritura deviene a su vez reescritura, actualización en el aquí y ahora de los cuerpos. En otras palabras, un guión también es un ensayo, como declara el título actual de la obra.  

Otra singularidad de este proceso es el cronograma intensivo de sesiones, todas acumuladas en el correr del mismo mes del estreno, a las cuales se añaden la asistencia de las y los performers a los jams de Contact Improvisación, realizados semanalmente en la Facultad de Artes, y algunas salidas a bailar bachata, salsa, forró y samba en Montevideo. Si bien prevalece la impronta de las danzas de salón y las canciones bailables, la clave de estos recorridos, en palabras de Silveira, consiste en “abrir un apetito sensible por todo lo que pasa, tratando a la imagen no como una captura visual, sino como una formación sinestésica, de algún modo siempre inacabada”. Es decir, no se trata de aprender los códigos o formas de estas danzas sino de habitar, dejarse mover y gozar de las gestualidades y las relaciones que ponen en juego. 

La disposición a dejar venir movimientos no voluntarios, se relaciona estrechamente con la práctica somática de Movimiento Auténtico, de la cual toman algunas herramientas. Creado por Mary Whitehouse a principios de los ‘60 en Estados Unidos, el Movimiento Auténtico invita a la persona que lo experimenta a entregarse a los impulsos que la atraviesan en el aquí y ahora, sin enjuiciarlos ni dirigirlos. Para ello, se le propone cerrar los ojos y habitar lo que le ocurre, dejándose mover por las sensaciones. Sencilla a la vez que profunda, esta práctica se complementa con la figura de las testigos quienes, de ojos abiertos y mirada suave, proveen un cordón de contención a quienes están en movimiento. 

La experiencia de moverse desde y con la sensación, reduciendo al mínimo la intención y la proyección de movimientos, también pertenece al Contact Improvisación. Iniciada por Steve Paxton a principios de los ‘70, esta forma de danza cuyo núcleo son los “jams” o espacios de práctica sin guías, se ha expandido por muchas partes del mundo, incluido nuestro país, cuyas primeras apariciones se remontan hacia fines de los ‘90. Algunas claves son el contacto físico entre las participantes, la entrega mutua de peso sin distinción de roles y el placer y desafío de improvisar movimientos con otras personas en un espacio continuamente cambiante. La imprevisibilidad de las danzas, su fisicalidad y el carácter constitutivo del accidente, hacen que las participantes desarrollen un estado de alerta relajada, en el cual todos los sentidos están implicados e imbricados. La orientación, desorientación y reorientación son constantes. Por ello, una clave de esta danza consiste en atender la sensación táctil del peso compartido, que brinda tierra e impulso para los movimientos, la propiocepción (o sentido del cuerpo en el espacio) y la necesidad constante de reajustar el tono muscular, lo cual permite a quienes la practican deslizarse y rolar sobre otros cuerpos, entendiendo al peso como un entramado de variaciones que habilitan el flujo cinético. 

Podemos decir que en el encuentro con el Movimiento Auténtico y el Contact Improvisación, PESO. Un ensayo sobre la liviandad, busca afinar un estado de improvisación para la escena donde los impulsos del movimiento provienen de la sensación.  Sin embargo, la concepción de sensación que trabajan no radica solamente en la viviencia interior o individual sino en la experiencia compartida de un espacio intensivo que está continuamente en obra.  Por otro lado, la sensación se distingue de la percepción clara y distinta de las formas, los límites y las propiedades de los cuerpos localizados en un espacio geométrico euclidiano. La psicoanalista brasilera Suely Rolnik, en textos como El ocaso de la víctima o La geopolítica del rufián, ha denominado “cuerpo vibrátil” a la capacidad de los sentidos de ser afectados por la presencia viva de los cuerpos y los ambientes. La sensación, así comprendida, se vincula a la potencia de diferenciación de lo existente, en el sentido que es incapaz de fijarse, incluso cuando se busca repetir lo que se ha hecho o escrito previamente. Algo de ello resuena en las palabras de Silveira, cuando describe la pieza como “algunos sucesos en un incontrolable mar de fondo”. 

Entrenar la sensación, en desmedro de la percepción (aunque sin desactivarla), nos permite habitar el mundo en su continuo devenir otro y acceder a estados relacionales que favorecen la experimentación. En este sentido, la apuesta de la obra por la desnudez y los ojos cerrados, potencia la vulnerabilidad de los cuerpos e intensifica su presencia. Entendida como porosidad a las afectaciones, la vulnerabilidad se vuelve una fuerza, un lugar de comodidad y disponibilidad, que fortalece la intimidad en la escena. Los cuerpos irradian. Invitan a la espectadora a soltar la mirada por la masa corporal redonda, colorida, con pliegues, cavidades, protuberancias, pelos, aristas, tensiones, blanduras en un escenario donde todo lo que ocurre puede verse. 

Al consultarles sus impresiones acerca de la obra, uno de los performers, Emiliano Russo escribe: “un paisaje marítimo insondable compuesto por capas y capas y capas que están en constante mutación y donde los bordes se encuentran difuminados. Allí navegamos; allí estamos y allí somos”. 

Karen Wild Díaz