La escucha de la materia

Acercamiento al proceso creativo de REVER
(Colectivo NAAN / Dir. Natalia Burgueño)
El proyecto de escritura de textos de acercamiento a los procesos creativos de las piezas que se presentan en el Ciclo Montevideo Danza 2017, se realiza gracias al apoyo del Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE).

editadas-reflejos-nati-28-de-39_670

Un espejo no es una cosa creada sino nacida. No son necesarios muchos para obtener la mina centelleante y sonámbula y uno refleja el reflejo de lo que otro reflejó, con un temblor que se transmite como un mensaje telegráfico intenso y mudo, insistente, una liquidez en la que se puede sumergir la mano fascinada y retirarla chorreando reflejos de esa dura agua que es el espejo. (…) Su forma no importa, ninguna forma consigue circunscribirlo y alterarlo. El espejo es luz. Un pedazo pequeño de espejo es siempre todo el espejo. (…) Quien mira un espejo, quien consigue verlo sin verse, quien entiende que su profundidad consiste en ser vacío, ese alguien ha entendido entonces su misterio.

Clarice Lispector

 

Siendo parte del Programa de Residencias Casarrodante y habiendo iniciado la investigación con el apoyo del Programa PAR de Residencias Nacionales, REVER es el resultado de un proceso que comenzó en 2016 y que hasta cierto punto puede comprenderse en continuidad con el proceso que dio en la obra PLUG, de la misma creadora en diálogo con otros artistas, que integró el Ciclo en su edición anterior. En ambas propuestas hay un interés en repensar la presencia humana en el escenario, sometiéndola a un diálogo intenso con otras realidades. En PLUG se experimentaba con la robótica, y REVER es una zambullida en el mundo de la materia escénica (luz, objetos, sonido), con el espíritu de crear cuerpos que devengan de ella, en un gesto que invierte un procedimiento más habitual.

“Nos gusta la idea de crear primero el espacio, de hacer un montaje experimental o una experimentación con el montaje de una obra que aún no existe (pero que tal vez sospechamos y que, a medida que vamos creando el espacio, vamos revelando, vamos imaginando danzas posibles, vamos esperando la llegada de los cuerpos como quien prepara la fiesta ordenando el espacio mientras imaginamos la presencia de los invitados)”. Así describe Burgueño el deseo inicial y el modo creativo que adoptaron para llegar a la pieza. Todo era espacio hasta que llegaron los cuerpos. Y esos cuerpos avivan la materia a través de una escucha sensible, que le reconoce su fuerza, su poética y sus misterios.

A fines del siglo XIX y en los albores de las vanguardias artísticas que conmovieron al siglo XX, una bailarina americana, que como muchas en esa época, migró a París para desarrollar su arte en el ombligo cultural del mundo, fue pionera en el recurso a efectos lumínicos aplicados al movimiento, a través de proyecciones de luz sobre velos que cubrían un cuerpo al borde de la desaparición. Löie Füller, históricamente a la sombra de Isadora Duncan, dio los primeros pasos hacia un pensamiento integral del espectáculo de danza y hacia el corrimiento del “yo” como centro de la escena. En un gesto futurista antes del futurismo, captó la fuerza del movimiento puro desde un abordaje experimental y curioso del mundo de la ciencia, con el que dialogó fluidamente, utilizando principios y materiales recién descubiertos.
Cabe recordar este episodio de la historia de la danza, no siempre tomado en su justo valor, a la luz de una creación como REVER que, más de un siglo después y desde una perspectiva menos espectacular que vivencial, nos propone una revisión de las ideas de subjetividad a partir del cuestionamiento de la materialidad del cuerpo y en sintonía con sus producciones inmateriales.

Una de las preguntas que trae REVER, si nos comprometemos conceptualmente con su búsqueda y no solo con la vivencia sensorial -de por sí atrayente y generosa-, puede ser pensada científicamente: ¿Qué es materia y qué no lo es? El arquitecto Jean Nouvel, en una conversación con el filósofo Jean Baudrillard que fue compartida por los artistas, comenta el hecho reciente de poder pensar la luz como materia, una vez que la física dirime sobre si un fotón tiene masa o no. Esta investigación pone en crisis un pensamiento sobre la luz como suceso insustancial, lo cual nos invita, por oposición, a pensar si aquello que definimos como material o matérico no comprende, del mismo modo, un campo inmedible de existencia no matérica. La física cuántica se viene ocupando extensamente de este asunto dentro de la comunidad científica, pero no es disparatado suponer que el arte tenga ventajas desde su campo de acción para producir nuevas sensibilidades al respecto.

Así REVER, ya desde su título y atravesando su copiosa producción discursiva y su propuesta escénica, nos trae la idea de reverberación (aplicable al sonido, a la luz y a las interacciones corporales -entendiendo como cuerpos tanto al humano como a los objetos-), como la posibilidad de que un estímulo pueda continuar siendo percibido una vez que ha terminado, o que un cuerpo pueda ser visto donde no está, alternando la presencia y la ausencia en un juego óptico-sonoro de ambigüedades.

El reflejo actúa como una presentación de la luz más que de los objetos que ilumina, dando cuenta, como en el pasaje de Lispector que citamos, de lo que podríamos llamar la espejidad del espejo o, para el caso, la luminosidad de la luz; menos sus efectos sobre los objetos que sus cualidades intrínsecas, en un intento de aprehender su fugitiva materialidad.

“Reflejos dorados jugaban en los pliegues resplandecientes de la seda, y en esta luz mi cuerpo era revelado sólo como un contorno sombrío”, describía Löie Füller, y en REVER los cuerpos de las bailarinas también son ocultados y mostrados, creados y recreados a cada momento por la interacción con la tela y la luz, en un devenir cambiante de un espacio que –aparentemente fijo- se revela como una multiplicidad espacial, una sucesión inestable del patrón fondo-figura, que no nos permite detenernos en una sola y unívoca composición de lugar. Las formas humanas son emergentes del juego espacial y se dan a percibir por fragmentos y en grados diversos de reconocimiento, generando visiones de un humano en construcción.

La transparencia, que desde la filosofía viene siendo atacada como eje transversal del orden social contemporáneo, en su peligroso afán de control panóptico, se juega en esta pieza en consonancia con lo que propone Nouvel desde la arquitectura: la posibilidad de “darle a un edificio muchos rostros”, dando a elegir lo que vemos y lo que no según si la luz se coloca delante o detrás de la materia transparente. El arquitecto apunta con tino que “la idea de jugar con los encantos, los secretos de la transparencia contra la dictadura de la transparencia, de oponer el juego de lo visible y de lo invisible contra lo que debe ser absolutamente visible, es un trabajo sutil”.

Sutileza es una de las palabras que más usa la creadora en sus relatos y apuntes sobre el proceso, y se puede pensar como un fundamento de la construcción conceptual y estética: lo sutil del movimiento que nos deja la sensación de una danza casi involuntaria, lo sutil de las progresiones musicales en vivo que viajan imperceptiblemente entre la suavidad de una respiración y un beat electrónico bailable, lo sutil de las modulaciones lumínicas que transforman continuamente el ambiente sin disrupciones, y lo sutil de la mirada que como espectadores nos demanda la pieza, invitándonos a acompañar minuciosamente sus cadencias.

Carolina Silveira