Acerca de “AM”

En el principio era el dildo

Acercamiento al proceso creativo de AM (Dir.: Pilar Roselló)
El proyecto de escritura de textos de acercamiento a los procesos creativos de las piezas que se presentan en el Ciclo Montevideo Danza 2017, se realiza gracias al apoyo del Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE).

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Si los nuevos gurús de la cirugía cosmética que prospera en nuestras democracias liberales podrían hacernos creer que todos somos pre-op, cuerpos “libres” para trans-sexualizarnos, lo que nos dice Beatriz Preciado, de manera instructiva y asombrosa, es que todos estamos ya más o menos operados/as por tecnologías sociales bien precisas, dicho de otro modo, que todos somos post-op: razón por la cual más nos valdría apuntarnos a ciertas formas de resistencia contra-sexuales que continuar agarrándonos nostálgicamente a viejas ficciones de “naturaleza”.

Marie-Hélène Bourcier

Aunque la escena podría siempre ser comprendida como un juego -un accionar en base a ciertas reglas y restricciones creadas a propósito para cada obra y que la diferencian de lo que llamamos realidad-, AM apuesta a explicitar el marco lúdico de la propuesta con el fin de introducirnos metodológicamente en la temática que se desea abordar: el género. Jugar el género en la escena parece una salida viable una vez que no se desea crear una opinión o sentido clausurante al respecto. Poner el tema sobre el tablero –la mesa del juego-, permite al mismo tiempo respetarlo en su densidad e infinitud y establecer una relación analógica entre dos posibles ficciones: la de la obra en cuestión y la del género en sí mismo como constructo sociocultural que finge su naturalidad. Así AM propone un doble movimiento: por un lado y utilizando recursos metaescénicos, desnuda su cualidad de artificio; y por otro, nos advierte sobre el peligro de las naturalizaciones que, encubriendo procesos políticos de normativización, rigen la sexualidad y, en general, la vida de los cuerpos.

AM toma como marco teórico fundamental la obra de Beatriz Paul Preciado, un/a filósofo/a enmarcable dentro de las teorías Queer, es decir aquellas que se dan el nombre a través del insulto que las margina socialmente –Queer en inglés es equivalente a “maricón”, “lesbiana”, “puto”, utilizados como agresiones-. Preciado partirá de una visión crítica de Foucault y su concepto de biopolítica, pasando por las teorías feministas en las que el sujeto político es la mujer, hasta cuestionar todos los binomios utilizados hasta el momento para tratar el tema del género –hombre-mujer, homosexual-heterosexual, etc.- y hablar finalmente de “las subjetividades como ficciones políticas” que han adquirido históricamente una “solidez somática”, es decir, que se han inscripto en los cuerpos a través de discursos médicos y jurídicos fingiendo realidades anatómico-psicológicas inexistentes, de acuerdo a un programa político que alcanza su esplendor en el siglo XIX. El signo de esta época y su legado para nuestro tiempo, según Preciado, es el de la desexualización de los cuerpos en un procedimiento de reemplazo de la producción de placer por la producción de capital, que hace que se identifiquen sexo, género y reproducción, de manera inalienable.

La “performatividad” del género, un concepto que iniciara Judith Buttler, fue una llave para pensar el asunto en la contemporaneidad y para la producción artística emergente, ya que el hecho de señalar que existe un juego performativo en la construcción social del género, abre la puerta para nuevas construcciones estéticas. Preciado sigue esa huella y avanza todavía más lejos, proponiendo un Manifiesto contra-sexual, que es prácticamente una guía de prácticas consideradas desviantes por la normalización vigente en las sociedades occidentales. “La contra-sexualidad –nos dice- no es la creación de una nueva naturaleza, sino más bien el fin de la Naturaleza como orden que legitima la sujeción de unos cuerpos a otros.” La contra-sexualidad actúa por acuerdos entre personas –“sujetos parlantes”- que realizan una suerte de contrato no institucionalizado por el cual se comprometen a realizar prácticas que perviertan el orden sexual-político establecido. Esta filosofía no vela por la inserción de los “anormales” en la vida social reinante, operativa, heterosexual, no aboga por el matrimonio igualitario o el derecho a ser “todos iguales” ante la ley; aboga por la diferencia y la deslegitimación.

La zona lúdica en el discurso de Preciado es innegable: a la vez que propone, desde un punto de vista sorprendentemente radical (su libro Testo yonqui es acerca de la experiencia de aplicarse gel de testosterona en la piel, citada en AM), pensarnos en nuestra condición humana atacando violentamente nuestros lugares más cómodos, la originalidad de algunas de sus proposiciones más provocativas, sin dejar de ser violenta, es profundamente humorística. Así, el título que elegí para este texto, se sigue de la explicación: “El dildo antecede al pene. El pene es un dildo de carne y no el dildo un pene de plástico…”, que, desorientándonos, nos coloca justo en el fin de la representación. En el humor hay una invitación al juego. A jugar en serio, ficción contra ficción, a ver qué tenemos para ganar. A esa invitación responde, desde la construcción de un mundo propio, AM.

Pero el problema del género para esta obra no termina en el zambullirse y patalear en esa “Historia de la sexualidad” en términos foucaultianos, que para Preciado debería ser entendida más bien como una “historia de las tecnologías” de inscripción somática, sino que continúa en las inquietudes en torno al lenguaje escénico y sus categorías también “genéricas”. “¿Es
danza? ¿Es teatro? ¿Haremos esta escena tan teatral nosotros que no somos actores? ¿Por qué no? ¿Cuál es la diferencia? ¿Hay diferencia? ¿Importa? ¿Hay un teatro hecho por actores que es mejor que el teatro de los bailarines? ¿O más bien al revés?”, son todas preguntas que tampoco encuentran respuesta más que en el propio juego de la escena, y desde un espíritu lúdico e indeterminante, en una pieza que encuentra su hibridez desde la conformación diversa del equipo: una directora que es actriz y psicóloga, y dos bailarines -uno de los cuales también es psicólogo-, más una cantidad de colaboradores que fueron parte del proceso en diferentes instancias y dejaron inscriptas, visibles o invisibles, sus diferencias.

Carolina Silveira