Acerca de “AL ALIMÓN”

Cuando vuelvas a verme, no seré yo

Acercamiento al proceso creativo de AL ALIMÓN / Dir. Paula Giuria y Lucía Yáñez

El proyecto de escritura de textos de acercamiento a los procesos creativos de las piezas que se presentan en el Ciclo Montevideo Danza 2017, se realiza gracias al apoyo del Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE).

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Al alimón, al alimón, que se rompió la fuente /
Al alimón, al alimón, volverla a componer /
Hurrí, hurrí, hurrá La reina va a pasar

Canto popular puertorriqueño

“Al alimón” es una locución adverbial que significa “a la vez”, “conjuntamente”, “hecho entre dos personas en colaboración”, raramente utilizada hoy en día, que tuvo lugar en otras épocas en discursos jurídicos y literarios, pero que, al indagar en sus usos más comunes, aparece sobre todo como el nombre de un antiguo juego infantil muy popular en España y versionado en todos los países de habla hispana, que conjuga un canto iniciado con esa expresión repetida dos veces y una coreografía en la que los niños, enfrentados en dos bandos, se toman de las manos y avanzan y retroceden a la vez. En Puerto Rico es un juego exclusivamente de niñas, y el canto tiene la letra que hace de epígrafe a este texto.

Es a la vez desde el deseo de continuar una colaboración artística entre Giuria y Yánez que se iniciara en 2012 durante el proceso creativo de la obra Me Sitio y se consolidara luego con la creación de las obras Llévame al lugar donde estuvimos antes (2015) y Apto – Notas al movimiento que viaja (2017), y desde esa inscripción infantil en la que confluyen las fantasías de dos mujeres maduras que recuerdan una infancia común -atravesada por la magia de la televisión ya netamente popularizada-, que se concibe esta pieza anclada en el universo Netflix como referencia primordial y abarcativa de la cultura pop de nuestros días.

Como si se juntaran a “tomar la leche” una tarde de lluvia, las creadoras comparten su gusto y curiosidad por algunas de las series en boga (en especial: Twin Peaks, Orphan Black, Mad Men, True detective, The Killing, The Young Pope) y comienzan a construir desde ahí “un mundo fake, pseudo apocalíptico y lúdico” -en sus palabras-, cuya dramaturgia se sustenta ampliamente en el recurso a la cita (de momentos, de objetos, de climas, etc.). Las músicas que van tejiendo la dramaturgia sonora de la pieza son extraídas de las series, y los personajes, que nunca llegan a constituirse cabalmente como tales, son guiñadas a algunas de sus heroínas y villanas. El deseo infantil de convertirse en esa imagen popular, de incorporar sus poderes, de hablar con sus palabras y moverse con sus gestos, de zambullirse en un ritual de transformación inmediata que invita a pasar de un momento a otro de la monja a la prostituta, de la policía a la criminal, de la asesina a la muerta -con la rotunda convicción de una niña-, es el motor creativo de esta pieza, que reúne en la escena a tres intérpretes de larga trayectoria (a la dupla creativa se suma Carolina Besuievsky), y una joven bailarina formada en la Escuela de Danza de Melo y a punto de egresar de la primera generación de la Carrera de Danza Contemporánea de la Escuela Nacional del SODRE (Guillermina Gancio).

En sintonía con este obrar “al alimón” de las creadoras –juntas y rememorando la niñez-, aparece la idea de clonaje, muy presente en Twin Peaks y Orphan Black, pero que en el proceso creativo antecedió a estas series, como parte de los juegos escénicos y de improvisación que practicaron y que las fueron evocando. Así, el procedimiento de clonar se fue desparramando por la obra, no solamente en relación a los personajes que -como en Twin Peaks– cada vez que vuelven pueden ser otros, pertenecer a otra logia, estar tomados por el bien o por el mal, gracias a un nuevo vestuario que los reidentifica, sino también entendido metaescénicamente, es decir, en el propio juego de tomar y replicar escenas o recursos, trasladándolos de la pantalla a la sala teatral como doppelgängers, dobles fantasmagóricos que no logran dar cuenta de su original, que pierden verosimilitud en la traducción, como desmontando humorísticamente el artificio, invitándonos a aceptar una lógica de ruptura y reconstrucción permanentes, que nos impide descansar en una narrativa convincente.

Se podría pensar que esta pieza retoma el modelo de la representación desde una perspectiva exponencial (la ficción de la ficción de la ficción…) que a la larga termina por anularlo, al desvestirlo completamente. Y en ese sentido, es interesante que la única alusión que desborda los límites de Netflix hacia el cine de culto (aparentemente en las antípodas un universo del otro), es a Rabbits, la miniserie de David Lynch, que juega de manera sarcástica, densa y efectiva, los abismos entre estos lenguajes, y que, en consonancia con el “Cuando vuelvas a verme, no seré yo.” del personaje enano de Twin Peaks, termina con este parlamento en boca de una de las mujeres-conejo: “Me pregunto quién seré”. (No es una nota menor que Angelo Badalamenti es el compositor musical de ambas series, y de buena parte de la producción de Lynch). Esta trama referencial compleja y su consecuente gesto híbrido, producen AL ALIMÓN.

Mujeres “de hierro” en entierros bajo lluvia; bolsos sospechosos que cambian imperceptiblemente de dueño; manos de látex revisando las pruebas del delito; flashes de cámaras fotográficas registrándolo todo en el presente; flashbacks reconstruyendo milimétrica y morbosamente el pasado; son solo algunos de los “infaltables” que nutren esta suerte de comedia coreográfica absurda, jugada muy seriamente.

Carolina Silveira