Acerca de FLICKER

Oscilaciones coreográficas

Acercamiento al proceso creativo de FLICKER / Dir. Magdalena Leite y Aníbal Conde.

El proyecto de escritura de textos de acercamiento a los procesos creativos de las piezas que se presentan en el Ciclo Montevideo Danza 2017, se realiza gracias al apoyo del Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE).

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Lo que el arte tiene en común con la lógica y las matemáticas es el hecho de que se trata de una tautología; esto es, la “idea del arte” (u “obra”) y el arte son lo mismo, y pueden apreciarse como  arte sin tener que salirse del contexto del arte para su  verificación.
Joseph Kosuth

Los creadores de FLICKER son uruguayos radicados en México, cuyo trabajo escénico y  audiovisual se viene presentando frecuentemente en Montevideo, permitiéndonos acceder a  la trayectoria de un proceso colaborativo sin interrupciones, en el que cada propuesta nace de algún modo de la anterior y todas vinculan, de manera más o menos explícita, los campos de la danza y el cine, de los que estos artistas provienen.

Desde su título -que alude al “parpadeo” de la luz de la cámara cinematográfica-, FLICKER  propone una suerte de traducción de procedimientos del cine experimental –más  específicamente de lo que el crítico Adams Sitney llamó “cine estructural” en el marco de la vanguardia estadounidense de los años 60- desde un despojamiento de los recursos lumínicos  sobre los que descansaba fundamentalmente su creación escénica anterior (VIDEOCLIP- THRILLER), hacia la presentación cruda de los cuerpos y sus voces en un espacio que rechaza el  elemento ficcional y toda intención representacional para tentar lo tautológico como defensa  contra la interpretación.

Susan Sontag, quien fuera, además de una célebre escritora y ensayista, una directora de cine y teatro en el escenario ferviente del Nueva York de los años 60, se convirtió en autora de  culto de la primera generación de lo que habitualmente llamamos Danza Contemporánea o  Posmoderna, al señalar en su libro Contra la interpretación, los límites de una crítica de arte  basada en la búsqueda del sentido y significados de la obra fuera de sí misma, yendo más lejos que el formalismo en combatir la red de especulaciones psicosociales en torno a la percepción  de la obra de arte: “Nuestra misión consiste en reducir el contenido de modo que podamos ver  en detalle el objeto. La finalidad de todo comentario sobre el arte debiera ser hoy el hacer que  las obras de arte –y, por analogía, nuestra experiencia personal- fueran para nosotros más, y no menos, reales. La función de la crítica debiera consistir en mostrar cómo es lo que es, incluso qué es lo que es, y no en mostrar qué significa.”

Proponiendo una “erótica del arte” frente a un modelo interpretativo, Sontag apunta al valor  de la experiencia afectiva en el intercambio con la obra, como proceso que no puede reducirse  completamente a un análisis, ni siquiera estructural o inmanente.

El arte y la crítica del arte tienden a indiferenciar sus campos de acción en modo consciente  justamente a partir de este período, en un reconocimiento de lo que Kosuth apunta en el  párrafo que abre este texto: que el arte es siempre conceptual en la medida que su único  mensaje verificable es el “esto es arte” que nos grita o nos susurra cada obra que asistimos. Superando al formalismo en su crítica morfológica del arte, Kosuth nos habla de su función  principal –independiente de su lenguaje formal-, que es la de cuestionar su propia naturaleza en un ejercicio de afirmación que resulta una tautología: “el arte es el arte”, o bien, “esta obra  de artes es una obra de arte”.

A estos autores que mencionamos recurrieron Magdalena Leite y Aníbal Conde para pensar los  procedimientos de FLICKER que, además de su inspiración en el cine estructural (creo que en  especial la película T,O,U,C,H,I,N,G (1968) de Paul Sharits, juega como un fuerte intertexto),  recibe la influencia de Inquieto (2000), una obra literaria del estadounidense Kenneth Goldsmith, en la que el escritor realiza el ejercicio poético de describir todas y cada una de sus  acciones realizadas el día 16 de junio de 1997. En una sumatoria descriptiva por momentos exasperante, Goldsmith juega entre lo posible y lo imposible de “decirlo todo”, dando cuenta  de una relación de obviedad utópica entre el movimiento y el lenguaje, que es el mismo  campo en el que FLICKER se debate.

El artista y crítico uruguayo Luis Camnitzer, en su Teoría del arte boludo –otra referencia de los creadores-, define la “boludez” en el arte como la cualidad fundamental de, apartándose definitivamente del modelo comunicacional, inhibir la emisión de cualquier información para  no interferir en el proceso creativo del espectador. Afirma: “La función de la obra boluda es la  de estar ahí; la de hasta cierto punto afirmar su presencia.” Y advierte: “Pero como la  afirmación de presencia se puede convertir en una declaración, la formalización de la obra  boluda forzosamente tiene que ser modesta. O sea que a pesar de afirmar su presencia, al  mismo tiempo también la niega.” Para concluir reflexionando: “Esta misión es quizás la más  difícil que hasta el momento se haya encontrado en la historia del arte. Requiere un sentido formalista que ayude a eliminar la forma; un conceptualismo sin conceptos; y una habilidad artesanal capaz de auto-eliminarse hasta un mínimo cuidadosamente precisado. El artista  tiene que demostrar que la obra pertenece al campo del arte pero sin declararla; sin participar  en la competencia que establece la aceptación de las calidades artísticas; escapando a toda  posibilidad de comparación.”

A veces sucede que una red conceptual intrincada como se nos presenta la de FLICKER, que  profundiza desde distintos puntos de vista –incluso parcialmente contrapuestos- sobre los  asuntos que obsesionan a los artistas en su proceso creativo, no dan necesariamente en obras complejas en su recepción, sino que comportan un camino arduo por el cual se llega a una  fórmula sencilla, que sintetiza todas las operaciones mentales y experiencias corporales  previas en un aquí y ahora compartido entre los performers y el público, invitando al goce  mutuo de las presencias.

Esta podría ser la clave de FLICKER, que pone fin al Ciclo Montevideo Danza 2017, abriendo y  cerrando los párpados de la percepción y la intelección, oscilando entre lo dado y lo aún por descubrir en la insistencia de lo dado. Revelando la complejidad de lo simple.

Carolina Silveira