La alegría del ser

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Acercamiento al proceso creativo de ENJAMBRE
Proyecto Tráfico / Dir. Fabián Santarciel de la Quintana

 

La sociedad futura, en su organización, deberá contar con un nuevo poder, a saber, con el poder de las masas.
Por causa de la resolución y firmeza voluntaria, [la masa] es susceptible de un nosotros, de la acción común, que es capaz de atacar las relaciones existentes de dominación.

Buyn Chul Han

En 2012 nace el Proyecto Tráfico. Bajo la iniciativa de Fabián Santarciel en diálogo con artistas locales, este proyecto propone un puente artístico entre Uruguay y los Países Bajos, que ha generado desde entonces un intercambio cultural fructífero del que ENJAMBRE es la sexta producción escénica (2012: Inocente; 2013-2014: Rebel, Minutas; 2015: Us, No Literal) y la primera que, comenzando en Ámsterdam, finaliza en Montevideo, contando con la presencia de los artistas uruguayos y europeos desde el comienzo del proceso.

El antecedente más directo de esta obra es el proceso de creación de la pieza One (2009, Ámsterdam), donde doce intérpretes exploran la relación individuo-colectivo. ENJAMBRE redimensiona esta exploración convocando a más de treinta intérpretes en la escena, buscando un lenguaje “más abstracto, brutal y crudo”, en palabras del director, y como el inicio de una cadena productiva que continúe en diferentes ciudades y con artistas diversos, incluida una versión con performers de la “tercera edad”.

El título proviene del libro “En el enjambre” del filósofo surcoreano Buyn Chul Han, que analiza las diferencias entre la “masa clásica” y una nueva masa a la que llama “el enjambre digital”, y propone pensar las posibilidades políticas de una masa empoderada que, en consonancia con el concepto de “multitud” de los filósofos Michael Hardt y Antonio Negri, se erija como una clave para la emancipación del hombre contemporáneo.

En su libro “Multitud”, estos autores la definen -en el marco de una superación del modelo teórico de las clases sociales- como una sola clase emergente de un sistema global, una “composición de todos aquellos que trabajan bajo el dominio del capital y, en consecuencia, potencialmente como la clase que se resiste al dominio del capital […] levantando contra la miseria del poder la alegría del ser.”

En el contexto local, ha habido varios emprendimientos artísticos vinculados a estos conceptos, entre los que podemos nombrar algunos: “Una multitud singular” de la Compañía Lupita Pulpo (2011), “Multitud” de Tamara Cubas” (2012) y “La masa” de Federica Folco (2013). Estas investigaciones confirman una inquietud artística y filosófica actual y compartida en torno al modo humano contemporáneo, que se juega especialmente en el “entre” de lo singular y lo colectivo, de lo uno y de lo múltiple. Estas piezas ensayan modos coreográficos basados en la colaboración mutua, sistemas que funcionan únicamente en la interdependencia consciente de los performers, cuestionando –al igual que una buena parte de la producción de danza contemporánea- las configuraciones que la danza se ha dado históricamente y que en mucho de nuestro teatro continúan vigentes, donde las individualidades –a menudo, personajes- se dividen en protagonistas y secundarios. Es como si la clásica división del ballet entre solistas y cuerpo de baile hubiera dejado paso al mero cuerpo de baile, pero una observación mucho más afinada se impone para percibir las singularidades, a las que no se les niega su potente diferencia.

También es parte del proceso de ENJAMBRE –y otra vez una inquietud compartida por muchos artistas contemporáneos- la exploración en torno a la animalidad humana, la cual implica el despliegue de una fantasía que podríamos llamar “pre-cultural” (si seguimos, por ejemplo, a Rousseau y su teoría del buen salvaje -una lectura que Santarciel refiere en sus documentos sobre la obra-) o “pre-capitalista”, si ensayamos una lectura marxista de la teoría rousseauniana.

La cuestión es que, grosso modo, el estado actual de las cosas nos está pidiendo revisar nuestro proceso evolutivo, y el arte se está haciendo eco insistentemente de esta revisión, recurriendo también en muchas ocasiones –como es el caso de ENJAMBRE- a analizar perspectivas provenientes de las ciencias biológicas, a revisitar prácticas cultivadas por culturas primitivas (las danzas sufíes se apuntan aquí como ritual de referencia) y a cotejar el proceso propio con el de otras disciplinas artísticas contemporáneas. Así, Santarciel toma, por ejemplo, la obra del artista visual estadounidense Dan Witz, quien aborda la masa desde una práctica pictórica realista –casi hiperrealista-, creando imágenes de cuerpos enredados –que viven y actúan en red- en diferentes contextos de socialidad cotidiana o construida, desde los cuerpos que hacen pogo en un recital o entreveran su sudor en la disco, hasta masas de cuerpos desnudos que ocultan el rostro –y entonces, la identidad civil- revelando un ser común.

El lenguaje de ENJAMBRE, nos dice su director, no se enseña, “se contagia”, como la alegría o como la peste. En cada etapa del proyecto, que comenzó en Ámsterdam y fue llegando a Montevideo, los cuerpos experimentan modos de ser y relacionarse, y esa información va pasando de uno a otro a través de la misma práctica y con una guía suave de la voz del director que es testigo, observando y levantando preguntas para responder en la acción. Hay una consigna de base a la que los performers le otorgan sentido en cada gesto, con el fin de transformarla en algo más que una regla de juego, en un modo de vivir juntos que no puede definirse a priori de la experiencia.

Carolina Silveira